Vuelve el perro arrepentido… Revisando”Hardwired…to Self-Destruct”, el nuevo disco de Metallica.

 

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Carátula de Hardwired… To Self Destruction. Disponible en su disquería o torrent favorito.

Soy de los que habla y se va, inevitablemente, por las ramas. Con cuática. Por eso comenzaré contando el final de la historia. Sí, me gustó el cedé doble nuevecito de paquete de Metallica. Costó, la porfió, pero al final recién anoche, después de una semana escuchándolo, me convenció. Se que eso no hará que Ulrich y Hetfield duerman tranquilos y en paz, ni Hammett saldrá a celebrar con Trujillo, pero acá escribo yo, así que hueá mía no más.

Si ya nos hubieran invadido los zombies y nadie hubiera escuchado antes a Metallica, estaríamos todos vueltos monkeys escuchando este disco (doble, porsiaca). Porque tiene de todo, y le ponen con todo. Pero, aún no llegan los walking dead, hace harto rato que venimos escuchando a Hetfield y compañía, y más encima como son de los más capos del mundo mundial en cuanto a headbanging thrash metal heavy, nos ponemos exigentes y queremos un Master of Puppets o un Ride the Lightning cada vez que sacan canciones nuevas. (hablando de irse por las ramas: esa discusión de cual de esos discos es mejor, es de las más notables en un bar con chelas a mano)

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Metallica 2016. Ni olvido ni perdón, #PutoEnanoLars

Al escuchar el álbum entero, se escucha a Metallica. En todas sus formas y estilos. Las tres canciones que ya se conocían son las que suenan más cerca del chasconeo clásico, ese para mover el pelo recién lavado, peinado y post bálsamo. Dándole a las cajas con todo, con guitarras con harto riff y coros para entonar a destajo. Rapiditas, sin esperar que nadie se suba a la micro. Son, también, las que parten el primer disco. Ojo, eso sí, que Hardwired, la primera y primer single, es la única que dura 3 minutos. El resto de las doce canciones (6 por cedé) promedian los siete minutos. Y ese es uno de los motivos porque el disco no es tan digerible y enganchador de una. Hay que escucharlo más de una vez, para empezar a disfrutarlo. Yo me demoré como diez veces, a ver con cuantas les resulta a ustedes…

Siempre consideré a Metallica los más grandes del Big Four, porque eran la mezcla perfecta del resto. Tenían la velocidad de Anthrax, la potencia de Megadeth y la rabia de Slayer, en dosis la raja. Y eso, al fin, se puede volver a sentir después de los bodrios post Disco Negro. Cuando se pusieron a experimentar y buscar, se fueron por las ramas peor que yo, y perdieron su esencia, esa que nos hacía poner de ringtone temas como Damage Inc., o tener uniforme negro con los rayos azules y blancos. No sé que se fumaron, que se tomaron o dejaron de tomar, pero Metallica está de vuelta. Puta que se demoraron, bien por ellos por “buscar otros caminos artishtícos”, pero se extrañaba pegarle al escritorio escuchando thrash en modo 2016.

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Así los veremos en Chilito para Lollapalooza 2017. A juntar plata CTM!

Si el disco 1 va más por el lado clásico y enganchador, ideal para escuchar cuando uno maneja o corre atrasado a la pega, el disco 2 es más oscuro y denso. De esos que se disfrutan con chela, en el living de la casa, y con los audífonos puestos para soportar la tormenta. Mientras en el primero Hardwired y Moth into Flame llevan la bandera, en el segundo hay dos tracks para volverse loco. El primero es Manunkind, un manual de como hacer metal con nuevos sonidos, y el otro, la puta obra maestra del disco, Spit Out The Bone. Aún no me explico como cresta esta canción no es single, no abre los nuevos shows de la banda, y más aún, ¡porque chucha es la última!!! Desde Damage Inc., Whiplash o The Struggle Within, no escuchaba algo así de Metallica. Y vale la pena escucharse todo el disco, completo, para cerrarla con esta joyita del chasconeo. Es como tener una comida buena, abundante, y cerrar con un postre delincuencialmente la raja, y hasta con bonus track de atraque grado 3 para digerir como corresponde.

En cierta forma, Ulrich/Hetfield/Trujillo/Hammett meten a la juguera la discografía completa de la banda, y le hacen un F5, trayéndola a 2016 con respeto y valor por la carrera que construyeron, pero dando el paso adelante y enfrentando lo que viene a futuro con saludable buen aspecto. Hasta le dedican un track homenaje al gran Lemmy, así que las hordas de Satán y los Jinetes del Apocalipsis tienen una sonrisa en sus maléficas caras. Metallica ha vuelto, mutafukas!!  \m/_

Póngale play, señor director:

“If you wanna throw another fuckin’ bottle, we were fuckin’ go home” Guns N’ Roses Santiago 1992, una historia para recordar.

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02 de diciembre de 1992. Estadio Nacional de Santiago. Que hueá más bacán.

Era otra época, es verdad. Cuando el Nacional se llenaba con casi cualquier artista. Pero también, cuando nadie tenía en su agenda de tour pasar por Santiago. Cuando con cuea venía Cindy Lauper o UB40. En pleno 1992, cuando era la banda más importante y peligrosa del planeta, Guns N’ Roses tenía a todos chasconeándose y vueltos monos escuchando You Could be Mine (“Hasta la vista, baby”, con The Terminator Schwarzenegger incluído…) y lloriqueando piola con la cebollera Don’t Cry, elantesflacoydespuésgordoyahoranotangordo Axl, Slash y su manga de insanos llegaron a esta larga y angosta faja de tierra a dejar la cagá. Y lo hicieron. Con cuática, en su estilo. No pasaron piola, obvio. Venían de un concierto con mil atados en Bogotá, y desde que llegaron a Santiago tenían a todo el mundo pendiente de ellos. Eran LA BANDA DEL MINUTO EN EL PLANETA, cachan esa hueá? Y todo daba lo mismo, porque solo quería verlos. Ir a un megaconcierto como ese, en esa época, no era como hoy. Era EL evento del año, y quizás de la década o de la vida, y no se podía faltar. Y para uno que es originario de provincia, más cuático ir aún. Pero fuí. Y hasta el día de hoy agradezco a todos los astros y soles del universo around the world por decir con propiedad y de a deveritas, YOOOOOOOO ESTUVE AHÍ!!!!.

Salí ese día tipo 12 en una micro de recorrido local desde Viña, desde la plaza junto a la estación de trenes del centro. Una 87 de las más pencas que existían en ese minuto, sentado en el pasillo (fuí el último en conseguir lugar en esa chatarra vieja, y como no tenía como quedarme en Santiago, tenía que volver a la Quinta Región apenas terminara el concierto). Mi mochila tenìa dos cajas de jugo de fruta, 6 sandwiches de mantequilla con dulce de membrillo y un par de galletas. Para un hueón con 18 años ya cumplidos y viajando solo, era el aprovisionamiento más perno ever. Lo más transgresor que llevaba era una cajetilla de puchos. No me hueveen, eran otros tiempos. Si hasta fuí con polera blanca. Beck me veía y componía Loser un par de años antes, esa onda. Mi madre hasta el día de hoy jura que yo viajé con un grupo de amigos. Para que cachen el nivel de “aventura” de mi viaje, y lo fan que soy de Slash y cía. Sí, megahueón y megaperno, no insista, ya está claro.

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Sí, 7 lucas por cancha general. No es photoshop…

Llegamos pasadas las 14 horas al Nacional, y obvio, a memorizar donde iba a quedar estacionada la micro, para la vuelta. Todo muy Carmelo style. Hacía mas calor que la cresta, era miércoles en diciembre y no tenía clases en la U. Ya había cualquier chascón afuera del estadio en filas enormes, y se veía que venía para largo la espera. Pero que importaba, era Guns por la cresta!!!! Los señores carabineros, mejor conocidos como pacos por la barra pop, arriba de sus caballos disfrutaban apiñando y apretando a toda la manga de negro y mechas largas, que novedad. Hasta huascazos repartían, de puro hobby y buena onda que eran en esos tiempos. Pero que importaba, era Guns por la cresta!!!!. Me hice de un amigui en el viaje, el único otro hueón que viajaba solo. Pero con todo el caos que había antes de entrar, no lo ví más. Mientras tanto, me tomé una de las cajas de jugo, y con talento delincuencial nivel pro abrí la caja con cuidado, y metí mi cámara de fotos adentro, para que no me la quitaran en la entrada. De esas cámaras larguitas, muy vintage (jajajaja). Tenía la vejiga como zapallo, pero la caja pasó la revisión de entrada, así que valía la pena. Que importaba, era Guns por la cresta!!!!.

Entré tipo 16 a la cancha, y de ahí a esperar. Estaba solo, y sentado en medio de la cancha. No cachaba a nadie. A mi lado, un círculo de como 10 rockers disfrutaba de un caño. Una mina que estaba junto a mí, del grupo aquel, me dice “¿apoyémonos espalda con espalda, para descansar un poco? Cuento corto, terminé como uno más del grupo, compartiendo mi jugo y pancitos, a cambio de sus piteadas, y agregarme a un grupo que hasta el día de hoy ni idea quienes son, pero pasamos el rato echando la talla y viendo pajaritos de colores y cantando Sweet Child O’ Mine como 234762384 veces esa tarde. Hueás de volao, dicen por ahí. Pasamos la tarde mega funny. Pero que importaba, era Guns por la cresta!!!!

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Archivo personal de la previa a Guns en el 92. Yo estuve ahí, CTM!!

Pasaditas recién las 20 horas, salieron los teloneros. Diva, con Alfredo Lewin pre MTV, hizo que nos paráramos y preparáramos la garganta para lo que venía, sin saber cuanto faltaba todavía. Igual fue piola, estirarse después de taaaaanto rato sentados, hacía bien, para que andamos con hueás. Tocaron 40 minutos, y de ahí, todo minuto que avanzaba, era a velocidad de tortuga coja con reumatismo y con dos patas menos. Puta la espera sufrida y larga. No existía ni internet ni youtube todavía, así que no teníamos idea que Axl se las daba de bacancito y salía a la hora que se le antojaba. Como tres horas todos los hueoncitos parados y chiflando pesao para que salieran a tocar luego los Guns. Como si a Axl eso lo hubiera hecho apurarse y salir a cantar. Puta que ilusos e ingenuos eramos, jajajajaja.

Estábamos raja. Choreados. Emputecidos por la espera larga. Hechos mierda. Pero a las 23:45 del 02 de diciembre de 1992, un foco iluminó el escenario, por los parlantes escuchábamos el “From Hollywood, rockeros vio-len-tos, Guns N’ Fuckin’ Roses!!!!” y comenzó a sonar el bajo con que inicia It’s So Easy, y mi #PutaBida cambió forever. Ya, díganme exagerado, cuático, fanático, pasao a raja o lo que quieran. Pero los aproximadamente 62 mil pelotudos que estaban ahí en ese minuto, pueden decir que no es mentira. Fue MA-RA-VI-LLO-SO!!! Todos despertamos del letargo, y nos entregamos a lo que íbamos a ver. A la puta banda más peligrosa del planeta. Fueron casi dos horas, con algunas pausas entremedio, pero en que el grupo nos hizo saltar y vibrar como enajenados. No sólo vimos a lo que íbamos a ver, también aprendimos que puta mierda era un concierto de rock, pero de los de verdad. Y hoy, 24 años después, puedo asegurar que ese día, ese minuto, cambió mi vida. Ni la traductora argentina cartucha que nos doblaba al español las puteadas de Axl por las botellas que caían al escenario, y que casi hacen que todo se fuera a la mierda y se fueran del escenario a mitad del concierto, fueron capaces de opacar la hueá que estabamos viendo. Y que nos tenía megadesquiciados a cagar. Que puto inolvidable montón de canciones pasaron todo ese rato. 18 si quieren el dato wikipediano, da lo mismo cuantas fueron. Pero fue increíble. Emocionante. Inolvidable. Que noche de aprendizaje de que mierda es el rock and roll. Curso intensivo y aprobado con galones a destajo. No ha pasado un miserable día en que no recuerde esa tarde-noche-madrugada, como el momento en que mi vida cambió. Me hice adulto, rockermente hablando. Nada ha superado lo que ví, viví y escuché ese 2-3 de diciembre de 1992. Y creanme que he visto muuuuuchos conciertos, de todo tipo, después de ESE concierto.

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Salosny + Valenzuela en la transmisión de TVN del concierto. Nacional REPLETO. El punto blanco de atrás, soy yo.

Salimos después de las 2:30 am del estadio, después que terminó la última canción. Fuí el último en subirse a la micro (casi la pierdo, ahí si este relato habría sido épico, pero para que mentir, si soy ñoño nerd y no podía ser todo tan loser). Me fuí echado en el pasillo, cagado de frío por el aire que entraba por la puerta de atrás, que no cerraba bien, así que no dormí nada hasta que llegamos a Viña. A las 6:30 en punto, cuando mis viejos se levantaban para ir a la pega, este insano entraba a su casa en Villa Alemana. Lo único que recuerdo, que mi mamá me preguntó “¿Y? ¿Como lo pasaste?”. La miré, y sólo pude responder “algún día te responderé, porque todavía no aterrizo. Fue de otro planeta”. Subí los 14 peldaños de la escalera y me fuí a mi pieza en el segundo piso. Cerré la puerta, y miré el ticket de la entrada como por media hora, antes de caer rendido y poder dormir. 24 años despuès, sólo le puedo decir a mi madre que aún no puedo responder bien. Sólo se que esa noche cambió mi vida. Lo pasé a toda raja, pero aún no puedo dimensionar cuanto pasó por mis orejas y por mi cabeza ese día. Pero me cambió el switch forever. Quizás el día que muera, antes de apagar la tele, pueda dar una respuesta definitiva. Los volví a ver el 2010 y el 2011, pero aún no supero esa noche de 1992. Y la verdad, no quiero superarla. Quiero seguir disfrutándola hasta que me muera. Si quiere revivir algo de lo que fue esa noche, el concierto está en Spotify, así que pongale play sin pensarlo. Gracias Guns N’ Roses. ¡¡Gracias… por la gran reconchesumadre!!

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“Give me an interpreter… give me an interpreter…” Axl mosqueado a cagar.

Acá el link de Spotify:

Acá el setlist:

http://www.setlist.fm/setlist/guns-n-roses/1992/estadio-nacional-santiago-chile-1bd61918.html

Con luces apagadas es menos peligroso. Aquí estamos. Entreténnos! (25 años de Nevermind)

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La guagua tras el dólar en la piscina. Carátula megafamosa de Nevermind.

Nací y crecí en Villa Alemana, la capital del futuro. Una pequeña y pujante ciudad hacia el interior de Viña y Valparaíso, en la Quinta Región, y no una sucursal de Colonia Dignidad, como muchos santiaguinos ignorantes han sostenido más de una alcohólica vez. Nací y crecí durante los 80, como una especie de Félix, personaje protagonista de la serie de TV Los 80. Harto me parecía al cabro chico ese, pa que andar con cuestiones.

En medio de la transición de la dictadura al gobierno electo, a principios de los 90, sólo nos conocían en el planeta, al igual que como todo pueblo maldito de historias, por dos anécdotas bizarras. De ahí es Elías Figueroa, el más grande futbolista de la historia de esta larga y angosta faja de tierra, y durante los 80 un pendejo llamado Miguel Ángel decía ver a la Virgen, generando procesiones masivas de devotas señoras buscando perdón divino y feligreses golpeándose el pecho y enumerando peticiones a destajo hacia el Pulento.

La afición de mi madre por Elvis, y de mis padres ambos dos por la música en inglés, me hizo escucharla y disfrutarla desde pendex. Partí con Sinatra y Neil Diamond, seguí con Jackson y su Thriller, pasé por Madonna, luego rayé con el rock latino y Prisioneros y Soda y demases, hasta que ya en la media, a fines de los 80, tenía amigos que escuchaban otras bandas y tendencias. Conocí de a poco el rock de verdad, junto a la música que la rompía en las discos. Una mezcla bizarra, estamos claros. Junto a Erasure podía escuchar a Devo y Metallica. Y los Guns, obvio, los más grandes de todos (aguante Axl!). Y ya llegando a cuarto medio, el 91, tenía algunos sonidos que me daban vuelta en la cabeza. Eran los chascones de Seattle que hacía un rato venían entrando fuerte a las radios, y que me engancharon de una. Circulaban los VHS pirateados de videos de MTV gringo, así que tan atrasados no estábamos, no señor. Huasos debutando en la aldea global pué.

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Centro de Villa Alemana. Y a la izquierda, la galería que tiene la culpa de todo.

De a poco, comenzaba a comprar mis primeros cassettes. En Villa Alemana había un videoclub, en una galería ubicada al frente del caracol del centro. Que más central que eso en una ciudad chica. Aparte de películas, también vendían cassettes virgenes, originales, y de a poco algunos tímidos cd´s aparecían en las vitrinas. Iba casi todos los días a mirar que había o que llegaba, y a medida que juntaba plata, ver cual cassette comprar. Cuando quieres 25 y te alcanza pa uno, puta que la pensai. Y le das vuelta. Y harto. Y post 18 de septiembre estaba anunciado el lanzamiento del Use you Illusion, disco doble de los Guns. Eran dos cassettes, así que otro más me saldría salado. Me aguanté hasta fin de mes, a ver si salía con algo más. Se que tenía uno que le había puesto el ojo. Pero la verdad, hoy no recuerdo cual era.

Fuí el 1 de octubre al videoclub. Era martes, porque los lunes no podía ir porque tenía clases. Más encima estaban todos los ensayos y cosas similares previas a la PAA que daba en dos meses más, así que no había otro minuto, tenía que ir o ir rait nau. Entré, y en la vitrina había un cassette nuevo. Mientras pedía los de los Guns, el tipo que atendía (que ya me cachaba a esas alturas) me muestra el de carátula azul que desvió mi mirada. “Es el de Nirvana, llegó ayer. Mira, lo tengo en el deck, le voy a poner play”. Ya había escuchado Smells like teen spirit. Si no me equivoco, el video ya lo habían mostrado en la tele. Y esa canción me gustaba. Yo era adolescente aún. La canción hablaba del espíritu adolescente. O sea, tamos listeilor. Pero mientras veía estupidizado mis cassettes del Use your Illusion, escuché Nevermind. Iba por 5 minutos con cuea a la tienda. Y me quedé como media hora o más. Escuché todo el lado A, mientras revisaba si me alcanzaba para los 3 cassettes. Y no, me faltaban 100 pesos para llevar los tres. Y cien pesos, cuando un cassette recien lanzado costaba luca, era PLATA poh. No se si puse cara de hueón, si di lástima o el vendedor pensaba que mi vida iba a dar un vuelco sorprendente con el gesto, pero me dejó los tres por la plata que llevaba. Hueón, meses esperando los de los Guns, loco con Terminator 2 y You Could be Mine, confieso que esa vez fue, es y será la única en que le puse el gorro a la banda de cabecera de mi vida. Sorry tío Axl, pero en el personal stereo puse el Nevermind. El lado B, que me faltaba por escuchar. Le puse play y partí de vuelta para la casa. Era corto, así que terminó rápido. Caché que quedaba harta cinta sin canción. Los cassettes no los editaba ni costeaba yo, sino la disquera, así que era custión de ellos dejar tanta cinta sobrando, pensaba yo. Not my problem, like a Boss.

Y pa que andamos con hueás, dividir ese disco en dos, igual es una volá digna de productos alucinógenos de culturas mayas, aztecas o tribus similares. Pero el cassette te obligaba a hacerlo, si venía por dos lados. No podías elegir. Y ese lado B me mató. Por años. En pleno apogeo y peak de mi banda matriz, con dos discos con mil canciones, que me fascinaban y las cantaba y recitaba como insano enajenado desquiciado orate transtornado de patio, me daba minutos para escuchar a Nirvana y su Nevermind. Pero insisto, más el lado B que el A. Más aún, cuando después de varios días, caché al fin porque sobraba tanta cinta en el lado B. ¡Había una cancíon escondida!!!!! Sopenco pajarón no más, sacaba el Bic para adelantarlo después que terminaba Something in the Way, y no había pescado el hidden track. No había internet ni wikipedia ni cosas así, así que recién años después supe que era “Endless, Nameless” el título de esa canción. Mi primer cassette con track escondido. Ahora es una payasada, pero puta que me sentía como con un tesoro en las manos. O en el personal stereo, mejor dicho.

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Dave, Krist y Kurt, por un verano sin polera, en sesion fotográfica de Nevermind.

El vendedor, si pensó que me iba a cambiar la vida o que yo salvaría al mundo, ojalá que no sepa que aún no pasan ninguna de esas dos hueás. O si lo sabe, por último le reembolso su inversión de $100 en 1991. Ni idea cuanto es a plata de hoy, pero harto más debe ser. Mi vida no cambió con Nevermind. El chip me lo cambiaron los Guns el verano 87-88 con Welcome to the Jungle, y les debo la chasca que queda y un closet lleno de ropa negra de temporada otoño-invierno-primavera-verano del año que se les antoje. Pero Nevermind fue el primer cassette que escuché de otra forma. No sólo era rock & roll. No era evangelizar el chasconeo. Había algo más ahí adentro. Actitud, angustia, hambre, rabia, rebeldía. No era ni la más virtuosa pieza musical ni estaba destinado a ser material de estudio en las escuelas de música around the world. Pero tenía huevos, cojones y lágrimas. Actitud con mayúscula y subrayado con rojo, carajo. Era pegote, te quedaban dando vueltas en las orejas sus canciones. Y te contagiaba todo el sentimiento que llevaban. No tenías que saber inglés para congeniar y empatizar con todo lo que contaban esas canciones. Ahora, si cachabai el idioma yanqui, quedabas aún mas pa dentro. No era la sonrisa del payaso de Mc Donalds lo que había en esos temas. Había sangre, sudor y pasarla mal, y lo sentías. Y esa es la gran gracia de este disco, y que lo mantiene como ícono y referente de toda una generación. Era un llamado de alerta, que Reagan o la reina ya eran pasado, y que abrieramos los ojos y paráramos las antenas. Era el despertar para muchos, un desahogo para muchos más aún. Y sin pensarlo quizás, Nirvana y Nevermind lograron remecer a hartos. Y pasó lo que tenía que pasar. Despertaron y despertamos tantos, que la hueá se fue en volá, y terminó sobrepasando al Kurt, que terminó con un tiro sus días. El murió, pero el álbum y la música no. Es un disco que palpitaba, y que vive hasta hoy, 25 años después. Y que seguirá viviendo por muchos más.

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Así eran los cassettes, para las nuevas generaciones…

Para finalizar, unas de mis frases favoritas del disco. De dos temazos para hacerles estatuas con mármol y con cuática:

TERRITORIAL PISSING

Just because you’re paranoid, don’t mean they’re not after you

(Sólo porque estes paranoico, no significa que no te persigan)

LOUNGE ACT

I wanted more than I could steal
I’ll arrest myself, I’ll wear a shield
I’ll go out of my way to make you a deal
We’ve made a pact to learn from who
Ever we want without new rules

(Yo quería más de lo que podía robar
Me arrestaré a mi mismo, llevaré un escudo
Me saldré del camino para hacer un trato contigo
Hemos hecho un pacto para aprender de quien
Queramos, sin nuevas reglas)

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Espíritu adolescente bajo el agua.

Mustaine, te ganaste el depto de Patton en Ñuñoa. Que pedazo de show, carajo! (02.08.2016)

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Hangar 18. La primera de la noche.

El thrash siempre vivirá de sus clásicos y sus estandartes. Negarlo sería como no entender que una casa sin marido, es como un barco sin su capitán, como un chancho sin su barro. Pero hay que ser enfermo de talibán pelotudo para creer que los clásicos son los mismos de hace 20 o 30 años. He ahí el chiste. Anthrax, Slayer y Megadeth, 3 de las 4 patas sagradas del chasconeo devoto, andan dando vueltas por el tercer planeta mostrando sus discos nuevos, publicados en los últimos doce meses. O sea, nuevecitos, para el que no entendió a la primera. Y hay que decirlo, son harto buenos esos discos. Quizás no clásicos que se revenderán a precios estúpidos en eBay en 45 años más, pero si, no desentonan junto al playlist regalón de cada uno, con esos temas que cada chascón de este mundo usa de ringtone o de soundtrack con sus chelas everywhere.

Y puta que ese pequeño gran detalle ayuda harto a que un show pueda ser increíble. Y lo de anoche de Megadeth fue descomunal. Casi para cuello policontuso y rogando Calorub. The Threat is Real, sencillo primero del disco último, no arruga ni un poquito pasando entre Hangar 18 y Tornado of Souls. Cojones nivel BELCEBÚ para meterse ahí y pasar como si nada (hazte esa, Ulrich!!). Y con el resto de las 6 canciones de Dystopia fue igual, un tercio del show con canciones nuevas y a toda raja. Fueron 20 temas al final, que te dejan con cara de pelotudo e insano, vuelto loco. Gritando, saltando y cantando en ese lindo inglés chamullado de los recitales chilensis. Y nadie salió echando la foca porque no escuchó Skin O’ my Teeth, Rust in Peace, Psychotron o Take no Prisoners. La manga de insanos salió echa bolsa, jugoseada, pero mas feliz que la cresta.

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Luces y videos para volver loco al que haya llegado sano. Si es que había alguno…

Era mi séptimo Megadeth en 8 años. Y le voló la raja a los otros que ví. Así de simple. Y adelante mío, en la cancha, había un grupo de cinco pendejos que con cuea tenían 15 años cada uno, y 20 pelos en las axilas entre todos. Pero lo disfrutaban tanto o más que los veteranos de mil batallas que repletaban la parte alta de la cancha. Hueón, era su primer concierto de metal. Y los mini insanos se rajaron y vieron un show de esos que uno se jacta ver cuando anda copeteándose con los partners de negro. Apuesto que en unos años más, como 45 mil jetones dirán que vieron a Megadeth el 2016 en el Caupolicán. Estaba repleto y sold out, pero eramos como máximo cinco mil. El resto es alimento para el mito no más.

Megadeth – She Wolf. Para el que no fue y lo ve por tevé

Para que este posteo suene en serio, como de hueón “pro” y que cacha de las hueás que habla, vamos a los detalles importantes. Que el colorado Mustaine y sus amigos se preocupan de no sólo poner el clásico paño negro de fondo, sino que vienen con escenografía y un despliegue audiovisual para sus pantallas realmente brutal. Videos acompañando a cada canción a toda nalga. Además, el mono de Vic Rattlehead paseándose en el escenario en Peace Sells…, para ponerle color al show. El sonido tuvo sus pifias durante el show, pero sería muy amargado de mi parte hacerlos bolsa por eso, si show sin cueteos no existe, posom. Y mucho se habla de Mustaine y Ellefson, dos monstruos. Pero Kiko Loureiro, el guitarrista de Angra que los acompaña este último tiempo, lo hace pero de la gran reputa madre. Y Dick Verbeuren, el batero de Soilwork que lleva menos de un mes con ellos, es como un tío Cosa rubio y chascón que se merece cada puto aplauso de la masa chascona presente. Los dos le dan un soporte y una fuerza a Megadeth que se agradece más que la CTM, para hacerles queques, cargarles la Bip, y cuanta hueá haya en mente.

Que más decir. Si no fue, se lo perdió. A llorar a la FIFA, a la iglesia o donde quiera. Pero esos pendejos que me hueviaron un kilo, vieron algo descomunal. No sé si los otros shows que no ví estuvieron a ese nivel, pero los que vimos anoche la manga de insanos, fue demasiado la raja. Brutal. Demencial. (ingrese el adjetivo rocker de su preferencia aquí).

Aguante Megadé.

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Setlist Megadeth, Santiago. 02.08.2016.

Un Oasis al final del Horizonte.

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Y terminó. Llantos más, llantos menos, el pasado lunes 18 de marzo bajaron la cortina dos proyectos emblemáticos de la radio FM local. Horizonte y Oasis terminaron sus transmisiones como todos las conocían, para dar paso a nuevos proyectos radiales, bastante distanciados de cómo lo venían haciendo. Pasados unos días, se decantan las ideas para reflexionar al respecto.

¿Una pena? Por un lado sí. No era el auditor principal de ninguna de las dos, pero sí respetaba el concepto bajo el cual trabajaban, y como se desarrollaron hasta construir un nicho fiel y militante de seguidores, muy identificados con su parrilla musical, anclada en nichos específicos que respondían con audiencia cautiva, con gran feedback, y sumado a un gran respeto por quienes trabajaron ahí con pasión y hartas ganas, sumado al espíritu que trasmitían ambos medios a través de su programación.

Pero por otro lado, el mercado radial no sólo sobrevive con oyentes y buena música por los parlantes. Hace más de 15 años el mercado radial experimentó en Chile el fenómeno de la segmentación en forma continua, hasta llegar a lo de hoy en que cada radio está dirigida a un grupo etario, social y de tendencias muy específicas, respondiendo a las necesidades de una época en que ya no se consumen productos para grandes masas, sino que cada nicho exige su lugar, y hay que darles cabida y productos para satisfacerlos. Y en ese aspecto, las radios le sacaron mucha ventaja a la televisión y los otros medios de comunicación, por lo menos en ese instante.

Pero el tiempo pasa y los tiempos cambian. Con la masificación de internet y la globalidad, hoy la radio funciona y progresa bajo otros parámetros. Surgen las señales on-line, los portales temáticos y los proyectos multimedia, y vienen para quedarse y continuar en el tiempo. Y quién no lo tenga claro, es que no ha evolucionado como auditor. No quiero decir que tanto Horizonte como Oasis no hayan subido al carro de la actualización. Muy por el contrario, supieron evolucionar rápido y responder bien a los nuevos mercados, y la forma moderna de funcionar como radios. Pero esos mismos nuevos tiempos, descarnadamente, les pasaron la cuenta, quizás por esa misma condición de líderes de la modernidad en cuanto al proyecto. Se transformaron en productos apetecidos por quienes entran a este mercado, y quieren potenciar sus productos emergentes, por lo que trataron de reformular el modelo, pero dirigido a otros nichos, con la experiencia y conocimiento adquirido por los proyectos nacidos bajo el alero de la familia García-Reyes (tanto padre como hijo). Fueron la carne a sacrificar para que nuevos medios surgieran y sean líderes en los tiempos que vienen.

No sabemos que sucederá con los proyectos que vienen. Tanto TopFM, RadioFMOasis y Horizonte.cl tienen todos mis deseos de buen destino y prosperidad. Nadie le puede desear mal a una radio, el medio de comunicación más cercano, querible e identificable por la población. Serán otros los que escuchen las nuevas radios, y los viudos ya encontrarán nuevos medios que fidelizar. Ahí es donde cabe felicitar a quienes programaron los ultimos temas de Horizonte como la conocimos: “All my friends” de LCD Soundsystem, y “Wake up” de los Arcade Fire, himnos simbólicos de su programación y de los nuevos tiempos que se venían. Así es este mercado. Nada es para siempre. Ya lo decía el player on-line de Horizonte al cerrar sus transmisiones: “La vida no es más que una colección de momentos, musicalízalos”. Tranquilidad y fe. Hay luz al final del horizonte.

Cierre de radio Horizonte 103.3 FM

Fin de radio Horizonte y primeros minutos de TopFM

¿Aún mejor que el de verdad? Review de Specter at the Feast (Black Rebel Motorcycle Club)

specter

Primero que todo, me gustó. Y mucho. Lo escuché una vez completo y lo disfruté. Pasaron 5, 6, 10 veces más, y entendí por que. O eso creo, por lo menos me da motivo para escribirlo.

Han usado alguna vez un molde de algo en la cocina, para hacer otra cosa? Hacer lasagna en una fuente para pastel de choclo, o jalea con molde de galletas de navidad? Le cambia un poco el sabor a la receta de siempre.  SPECTER AT THE FEAST, el nuevo álbum de Black Rebel Motorcycle Club, creo que lo hace. Toma un molde prestado. ¿Pero cuál?

El primer single es Let the day begin (cover de The Call, grupo del padre del vocalista de BRMC), y tiene el sonido clásico de la banda más inglesa de todas las bandas gringas. Pero a pesar de eso, sonaba distinto. Enganchador, cómplice y heavy. Y me recordaba mucho a otra canción, ya que no es estrictamente fiel a la versión original. Hasta que PAF!, me acordé.  ZooStation. Sí . U2. Rayos. Achtung Baby. No se trata que sea una copia, sino que suena parecida. Como si lo hubieran acelerado, o amoldado. Después escuché completo Achtung Baby, y Specter at the feast me suena como maqueteado con el molde del clásico disco de U2. Sus estructuras, cadencias, progresión. El sonido es el que los BRMC han hecho siempre, pero ahora el molde es diferente. Y me gusta. No se si el productor de turno trató de hacer más accesible a un público más numeroso la música del grupo, porque no suenan ni más contentos o con menos rollos con la vida y el mundo, pero si algo más cercanos que de costumbre. Porque es sólo eso, apreciación y enganche. El sonido y las letras son las de siempre, solo que ahora el molde me parece diferente. Y creo que si es así, la hicieron de oro. El álbum de los BRMC tiene su Zoo Station, su Ultraviolet, su Even better, su The Fly, su Acrobat y su So cruel. Y sin ser para nada una copia, le roba algo de la magia y la fórmula a los irlandeses, de su (creo) magistral y (creo) último gran disco. Y les queda la raja.

Black Rebel Motorcycle Club – Let the Day Begin (live)

Pinche el video que está aquí arriba y digame si estoy loco (más aún) o no. Puedo rejurar que no estoy ni borracho ni bajo la influencia de algún alucinógeno (eso creo al menos). Se que la volá que estoy planteando es sólo eso: una volá. Pero me la estoy comprando heavy desde hace días. El que escuche ambos discos, que opine. Si le parece, somos dos. Si no, no pesque no más, talvez estoy hablando y escribiendo pescás. No creo que sea mejor que el original, pero si aprovecha muy bien su estructura, y la adapta muy bien. Lo importante al final, es que el disco es rebueno. Mezcla de gran manera esa introspección lamentosa, medio down, medio oscura (Some kind of ghost, Returning, Sometimes the Light y la gran Lose Yourself), con canciones con guitarras rapiditas y con harta distorsión, bien power (Rival, Sell It, Funny Games, Let the day Begin y la mejor de todas, Teenage Disease) . Música hecha para escucharse de noche, o en interiores oscuros. O ideal para viajes largos, así se escucha el disco de una, porque está hecho para hacerlo así.

Black Rebel Motorcycle Club – Teenage Disease (live)

Paso adelante, paso atrás, otra cosa o ninguna de las anteriores. Ni idea. Total, esto es una volá. Pero en buena…

18 and life: Mayoría de edad para “Above”, un disco que maduró temprano.

Mad Season 3

Carátula de “Above”

14 de marzo de 1995. 18 años han pasado desde que salió “Above”, el único LP que alcanzó a publicar en forma oficial la banda Mad Season. Y bastó un disco para dejar una huella super potente.

Entre chelas y vodkas, con algún chascón a medio emborrachar, mientras arreglábamos el mundo, alguna vez pelamos el cable con el grunge. Y llegamos a este disco en particular. Y sacamos varias ideas a flote. A propósito, no sería malo destapar una chela, para recrear las conclusiones de esa noche en el bar de René, digo yo…

Nos convencimos que el grunge en sí, es una mezcla del legado rockero de bandas como Led Zeppelin o Black Sabbath, cruzado con lo que hacían en esos años gente como los Pixies, Sonic Youth o los Dinosaur Jr. Estructuras de canción indie, con la distorsión del rock de raíz inglesa arraigado a la distancia en el blues. Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden, Alice in Chains, bandas insignes del estilo, así lo demuestran, dentro de sus diferentes matices. Hasta acá, nada nuevo ni que hayamos inventado en un momento de lucidez dentro de tanta chela.

Y cual es el chiste de Mad Season en todo esto? Sale la segunda chela y les cuento. O trataré al menos.

Mad Season

Martin, Staley, Saunders y McCready en pose de promo, después de 15693423 fotos.

Mike McCready, guitarrista de Pearl Jam, Layne Staley, vocalista de Alice In Chains, Barrett Martin, batería de los Screaming Trees, y John Baker Saunders, bajista de los Walkabouts, dejaron un poco la evolución del sonido grunge, y juntos fueron aún más hacia sus raíces, más allá del sonido zeppeliano, llegando hasta el crudo y maldito blues.

No se recargaron de distorsión, sino que involucionaron lo de sus bandas de origen, creando el que a la larga considero es la obra manifiesto fundacional del estilo surgido en los 90, y que tenía a Seattle como cuna. La gracia, fue hacerlo varios años después de su inicio, a fines de los 80. Una especie de regresión musical, buscando purificar un origen algo difuso, y con hartos padres y madres dando vueltas por ahí.

Wake up, Artificial red y Long gone day son canciones en códigos de blues por donde se le miren. I’m above y November hotel son zeppelianas a morir. X-Ray mind, Lifeless dead y I don’t know anything son la conexión con el sonido grunge. En resumen, un disco que plantea los pilares y los muros de todo el sonido que nos revolvió la chasca a muchos en esos locos 90, cuando volvimos a creer que el rock no era solo pose, sino que se hacía cargo de su herencia. Un álbum que está hecho con canciones que quizás no tenía cabida dentro de sus bandas principales, pero que ayudó a construir el eslabón perdido de esa avalancha surgida en Seattle.

La vida, el destino y las drogas hizo que nunca más esta banda pudiera seguir haciendo canciones en conjunto. Saunders y Staley murieron, y a pesar que Mark Lanegan (colaborador habitual de Mad Season y coautor de Long Gone Day y I’m Above) y Duff Mc Kagan (ex bajo de los Guns N’ Roses) han vuelto a dar vida en algunos momentos al grupo, el legado de ABOVE es monumental. Y sin que ellos se dieran cuenta, como ha pasado miles de veces en la historia de la música y del rock.

Si le gusta el grunge, habrá escuchado este disco más de una vez. Si no, y tiene chelas a mano como yo hace unos momentos atrás, tómese unos minutos y descubra ABOVE, y capaz que después le interese el grunge. Quien sabe. Con chelas, se arregla el mundo, ¿no? A mi se me acabaron, así que cuando consiga más, seguimos escribiendo…

Mad Season (live) – Lifeless Dead

 

Mad Season – Above (full album)