Garbage en Chile: I’m sure I’m paranoid.

Felices, con o sin lluvia, los asistentes al Caupolicán.

Muchos artistas vienen a Chile, hacen la ronda habitual de la bandera, las frases de que el público es mejor que en otros lados, disculpas por no haber venido antes, promesas de pronto regreso, hablan al público en inglés, mezclado con un par de frases “típicas” e informales en español, dateadas amablemente por la productora a cargo del evento. Bis y a cobrar. Y no se los discuto, al fin y al cabo es su pega. El chiste es cuan convincente es el artista o grupo sobre el escenario, para que el público se vaya creyendo a sus casas, que todo lo que mencionamos antes era real y no preparado. Y yo a Garbage le creí harto.

Para que negarlo. Soy fan desde el comienzo, casi 1995. Era la banda de Butch Vig y me tincaba que sería interesante. Pero escuché su primera canción, y la voz de Shirley me mató. De una. Tal como me mató el lunes recién pasado.

Garbage  – Why do you love me (live Chile 2012)

¿Cuál fue la gracia del show de Garbage?

Sonando como cuando uno recuerda que el Caupolicán es un gran recinto para conciertos, da gusto ir a un show. Fuertecito, pero escuchándose la raja en la cancha, la platea o hasta los pasillos de afuera. La voz de Shirley Manson acompañada por una banda que sonaba filete, en algo que debería ser una costumbre más que algo a destacar. Porque pocas veces escuché un concierto tan bien como éste.

Aunque usaron los clichés clásicos de todos los que visitan nuestro país, se les notó de verdad intensos, entregados, dejándolo todo en la cancha, si hacemos el paralelo con el fútbol. Para ser una banda con un sonido catalogable como tan de estudio, preparado, tan perfectista como puede ser el registro de un productor como Butch Vig, los tipos se hicieron mierda arriba del escenario. Y eso se agradece, y genera complicidad. El público era fiel devoto de la banda, pero disfrutó un show hecho a su medida, con harto hit de todas sus etapas y discos, y la banda tocando como si buscaran ganarse el contrato de una disquera o un programa de talentos. Y ahí está la mayor gracia a mi gusto. Sus álbumes serán íconos pop, de una época en particular, lo que cada uno quiera pensar, música con toda la onda del mundo, pero nunca serán recordados como canciones con “sangre”. Y eso sobró en el escenario del Caupolicán la noche del lunes pasado. Versiones como la de Only happy when it rains, la más nueva Blood for puppies, la soberbia Cup of coffee, y las canciones a pedido del bis, sacadas del “old school” como recordó Shirley: esos pedazos de tracks que son Supervixen y Milk. Pasando de la dulzura a la rabia, del amor al dolor, cada emoción la demostraron físicamente, no sólo cantando o tocando. Se la traspiraron toda.

Why don’t you love me?

Finalmente, Shirley encantó y enamoró. Jugando a la diva, a la mina juguetona, nasty, para pasar a la delicadeza y la dulzura. Ella es el centro de la atención visual del show, y llena el escenario con su figura delgada y su gran voz. Me volví a enamorar de ella. Caí rendido a sus pies, como todos los que estábamos ahí.

En resumen, fuí a ver un wurlitzer con los temas que amé a mis 20, y salí gratamente sorprendido por el show de una banda en vivo potente. Ojalá siempre fuera así. Shirley, I’m waiting for you (again)

Garbage – Milk (live Chile 2012)

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