“Searching For Sugar Man”: La historia del gusano de seda.

Carátula de “Coming from reality”, su último disco editado en 1971.

Sixto Rodríguez es un músico gringo, hijo de mexicanos. Grabó un par de álbumes a fines de los 60, y desapareció del mapa. Con suerte vendió un par de discos. Entonces, ¿cual es la gracia de su vida?

La historia de la música se alimenta día a día a partir de mitos y leyendas, que independiente de su veracidad, crean personajes que dan sustento a las historias de vida y música que los acompañan. Morrissey, Marley, Hendrix, etc., son ejemplos claros de todo eso.

Pero, insisto, ¿cuál es la gracias de Sixto Rodríguez? ¿alguna vez hemos escuchado alguna canción de el en la radio? No creo…

El mito dice que quienes lo llevaron a grabar, encontraron en su música, y particularmente en sus letras, historias de vida que en esos años sólo se podían comparar con las de Dylan. Historias de gente maltratada por el sistema, los desamparados, poesía callejera de un tipo originario de la pobreza más cruel de Detroit. Historias desgarradoramente empáticas, contadas con un verso simple y directo, de lucha antisistémica y sus injusticias. Pero el no fue un éxito. Dylan sí. Y el tipo desapareció. Se contaron mil historias de qué había pasado con el, y su supuesta muerte. De sus discos, que decir. El chiste es que, 20 años después, esas canciones que nadie tomó en cuenta, fueron éxito y símbolo de lucha en Sudáfrica. Sí, ahí mismo. Como llegaron sus discos allá, es parte del mito. Pero sus canciones fueron los himnos de la lucha contra el apartheid. Himnos contra el racismo y las injusticias sociales. Y vendía discos como condenado. Era más grande que Elvis o los Beatles al otro lado del mundo. Y nadie sabía que había pasado con él en Sudáfrica. En rigor, su vida y obra era un mito. De esos potentes, de los que han vivido todo y no han ganado nada, y cuando consiguen que esa estrella los ilumine, no están ahí para disfrutarlo.

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Rodríguez y su búsqueda. Después, todos buscando a Rodríguez.

Toda revolución necesita un himno, y Rodríguez era la bandera de lucha contra una de las más feroces desigualdades e injusticias de nuestros tiempos. Pero, ¿Dónde estaba Rodríguez para tomar esa bandera? Gran pregunta. Un grupo de gente se propuso averiguar la verdad, y se enfrentó a la gran duda. No dejar que una verdad arruine una gran historia. Pero a pesar de lo que podían encontrar, siguieron en su búsqueda.

Si lo encontraron o no, no importa. Sólo puedo decir que SEARCHING FOR SUGAR MAN es una historia linda. Querible. Entrañable. Emotiva. Recuerda lo atemporal que puede ser una canción, permanente en el tiempo, que no pierde ni vigencia ni pertenencia, ni en la luna o en Nepal. Es la historia de esos tipos que pintaban para crack, y al final quedaron en nada. El legado superó al artista. Y eso, es para muchos, la razón de ser artista. Y Rodríguez lo logró. Sin saberlo, pero consiguió que trascendiera su música y su mensaje. Esa es la gracia de Sixto Rodríguez.

Trailer “Searching For Sugar Man”

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